miércoles, agosto 22

Reminiscencias

Esta ropa me hartó. Camino desde hace una hora. No quise empujar a nadie para subirme a la micro y detesto a esos taxistas, gusanos que pasan reptando por los paraderos atestados de gente, cobrando tarifa lo más cara posible. Maricones, jamás les pagaría, prefiero caminar. La verdad es que hace un frío de mierda, se me hielan las manos mientras fumo y aún así lo prefiero. Además se me ha hecho tan tarde, me refiero a que el reloj realmente ha avanzado. Si lo pienso da lo mismo, siempre se me está haciendo tarde, siempre llego tarde a todo.

J. solía preguntarme, ¿cómo haces para decirme una hora y jamás aparecerte?. Él me amaba. Su madre me amaba. Me amaba hasta que lo supo, ese día apareció por mi casa, se volvió loca al mismo tiempo que accedió a la razón de mis desapariciones. Eres una idiota, me gritaba, si J. dejase de ser ciego y te viera tal como eres, realmente se deprimiría.

Yo no sé qué le pasaría a él si lo viera, pero ahora mismo el aviso de Burger King me parece una luna. De hecho lo confundí durante un buen rato. Miraba a la gente en las ventanas de las micros, a los adoquines anacrónicos de la calle, a los millones de precios en las vitrinas de los almacenes, o a nada en particular y todo el tiempo estaba en mi campo visual, arriba a la izquierda, esa presencia circular blanca. Para mi era la luna, me gustaba que la luna estuviese así de llena. La miré y me empapé de tristeza, que fuera el aviso de Burger King realmente me deprimió. Pensé en la madre de J.

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1 comentario:

nicoelvilla dijo...

yo tenia 19 y ella 17, quiza era entendible, y por un rato, yo tambien pense en la madre de j.