domingo, julio 22

A río revuelto, ganancia de pescadores.

Yo en realidad nunca me he engañado con Ana. Me gustó siempre, salvo por algunos momentos en que creo que objetivamente se hundió. Se comportó amargadamente o se dejó estar, dirían los periodistas de farándula. La dama perdió su encanto y, quiero insistir en que jamás me engañé con ella, me dejó de gustar. Pues bien, al principio pensé que sería para siempre. Pero, si hay un dios, gracias a él no.

Aquí es donde se puede entrar en digresiones filosóficas, si el lector lo permite claro está. Porque una cosa es "ser" y otra cosa "estar siendo". Dicen que los gringos lo resuelven todo con el "to be", ¡que maravilla!, but we are sudamerican rockers. Entonces, quiero aclarar que "soy" de tal forma para ciertas personas sólo porque me han visto "estar siendo" de modos que responden a ese rótulo. Pasa lo mismo con todos. Pasa lo mismo con Ana. Haciéndola corta: alguien "es" lo que "estuvo siendo" o, si me permiten, nadie "es" pero sí que todos "están siendo" de alguna manera. Basta.

Porque cuando la conocí, años atrás, iba con una polera ajustada a rayas grises y rojas, con un gran escote y unos jeans a la cadera que resaltaban su culo entonces -y ahora- perfecto. Supe de inmediato que esa mujer se movía bien y bastaron un par de meses para confirmarlo. Lástima que no lo confirmé desnudo con ella en mi cama, sino que me enteré por mi mejor amigo. Me lo contó el día despues de estar con ella. Se la agarró y pasaron la noche en su departamento. Efectivamente se movía perfecto. "Se mueve como se ve", me dijo el muy hijo de puta.

En este punto entienden la necesidad de decir que nunca me engañé con ella, claro, porque comenzó a ser la mujer de mi amigo y en el manual de carreño explican que uno no debe sentir nada por la mujer de su amigo. Creo que es en la biblia en realidad. No importa. El asunto es que jamás me mentí, yo siempre desearé tenerla desnuda en mi cama.

Apelando a la objetividad, el hombre hizo un gran esfuerzo por ella. Venía saliendo de una relación en que quedó destruido y, al contrario de muchos que se habrían echado a morir por largas temporadas, se demoró poco en sacar créditos del fracaso y podría decirse que los gastó por completo en Ana o, también, que utilizó todo aquello que tenía a mano para que las cosas salieran bien con ella.

Espero me permitan otra digresión, pues me parece pertinente, ¿qué quiere decir "ser objetivo"?. ¿Que existe una verdad y que uno puede, que tú, que yo o mi amigo; o que uno calificado para el asunto; puede, de un momento a otro, elaborar un discurso que refleje esa verdad tal y como es, de manera inapelable? o bien ¿que no existe esa "verdad" y que otros sujetos, parecidos a los anteriores, podrían eventualmente elaborar un discurso sobre los hechos en cuestión, contenedor de los discursos de cualquiera otro que también haya reparado en ellos?.

Es que en realidad, si le preguntásemos a Ana, mi amigo no se encontraba tan destruido como decía yo en un comienzo, ni tampoco sacó tantos dividendos de su anterior fracaso amoroso como yo explicaba. Que se esforzó sí, podría ser, pero Ana diría que se esforzó tanto como él podía hacerlo, que no era mucho realmente, que no era suficiente, porque al fin y al cabo, Juan a ojos de ella no es un gran tipo como a todos les parece y, de hecho, Ana terminó por encontrarlo tan cretino como perfecto le pareció en un principio.

Pero hay algo en que concordamos con Ana: el esfuerzo no alcanzó. A todas luces parece una sentencia acertada, de partida porque Juan y Ana no están juntos ahora, ya podrán comprenderlo e, independiente de que yo califique su esfuerzo como algo inmenso y ella lo minimice hasta el hartazgo, el resultado es que no alcanzó.

Mientras duraron fueron espectaculares. Eran una pareja envidiable. Primero porque la belleza de Ana hacía que todos envidiaran a Juan, segundo, porque el amor que expresaba Ana por él, las ponía a todas en actitud competitiva. Generaban envidia en todos los corazones incompletos. Algunos, más experimentados, les miraban con la ternura que se mira a un niño de 5 años jugando, como sabiendo que eso no te vuelve a pasar.

Eran una gran pareja, recuerdo una fiesta que habría pasado directo al olvido, de no ser por su llegada. En algun punto de la noche aparecieron los dos de la mano, con un disco de una banda que nadie conocía, lo pusieron y bailaron un par de canciones sólo ellos, pero con tal gracia, que el living terminó por repletarse, como si todos quisieran un poco de la felicidad que rebalsaba sus movimientos.

Ahora, que los veo entonces, cito a mi amigo Juan "tenía que ver más con que queríamos que todo saliera bien que con otra cosa".

La vida está llena de historias así. La mia por lo menos, mi voluntad tira para que todo "salga bien". Me pasa a menudo, empezar a querer las cosas de cierta manera y luego comprender que realmente no funcionan. Lo peor es que empiezo a quererlo precisamente cuando esta todo hecho mierda y después, bueno, después es otra historia.

Alguien podría inferir que yo y Ana tenemos percepciones distintas sobre cuan costosa resultaba la relación con Juan, porque si no fuera así, ¿cómo explicaríamos que creyéramos tan distinta la magnitud del esfuerzo de mi amigo?.

Pues bien, quizá, echando mano de las matemáticas, habría que analizar este asunto del esfuerzo. Se podría decir que el esfuerzo es un vector y, como tal, se encuentra dotado de dirección, sentido y magnitud. Puede ser que como Ana encuentra un cretino a Juan, ahora por lo menos, mi amigo no haya errado en la magnitud de su esfuerzo, sino que falló en su sentido o en su dirección, que es lo mismo que decir que Juan si bien se estaba esforzando mucho o todo lo que podía, lo hacía en cosas que Ana no le importaban o, que se esforzaba en cosas que si bien a Ana importaban, lo hacía en la forma opuesta a la que Ana lo hubiese querido. En definitiva, dicho en buen español, que si Juan hubiese estudiado matemáticas alguna vez, quizá no la habría perdido.

Ana y Juan tuvieron una relación, duró 4 meses.

Ana se enojaría a muerte conmigo si supiera que analizo todas estas cosas. Por lo demás, quizás lo hayan adivinado, yo soy muy distinto a Juan. ¿Iban creyendo que me defendía a mi mismo al defenderlo a él?. Sí que soy su amigo. Su mejor amigo, diría yo, pero no sé si el lo siga creyendo ahora, que Ana está conmigo.

Y bueno, esto todo el mundo lo sabe, los filósofos somos pescadores... perdón, discúlpenme el lapsus, quise decir: los filósofos somos pecadores.

Download http://cce.uchile.cl/~cemda/canciones/weare.mp3

8 comentarios:

andrew ian chernin dijo...

Gracias por el comentario.
Acepto la crítica del centimetraje, aunque creo que es discutible.
Una última pregunta: ¿Cuáles serían esas célebres excepciones?

Saludos.

Papelucho dijo...

conozco ese tipo de parejas. siempre se estropean en su mejor momento, como las películas argentinas.

Francisca Liendo dijo...

ayer vi una pelicula de Rhomer: el amigo de mi amiga.
Me recordó una ecuacion basica que nos enseñaban en matematicas: "les amis de mes amis sont mes amis"
viva la ecuacion.
kiss

Cpunto dijo...

Ana, ella se mueve dirán, rico, te mueves rico, y al final, termina siendo sólo eso, un movimiento crepuscular, que en las noches más bien parece apagarse cuando sólo quiere encenderse una y otra vez,

na q ver, pero habemos así, Anas y otras perguétanas,

la bailarina. dijo...

a mí tampoco me vieron...

un gusto pasar por acá...

saludos.-

Victor dijo...

mm yo tuve una relacion asi de perfecta..
con soledad..

esa relacion guatio..

cuando me empareje.
y la soledad se jue al carajo.

saludos!!

J. dijo...

A mí en cambio jamás me tocab guachones.

JósE dijo...

Ana.
Ana, mmm....
Parece que habian muchas Anas.

O son la misma Ana?

Ana es nombre de...mujer?

Ana rima con muchisimas cosas.
Ana....

Me produce tanta curiosidad.