lunes, septiembre 17

El final del siglo XX

Cuando tiraron por la radio que Fidel había muerto, algunas personas sintieron que se acababa el siglo XX. Que se terminaba la revolución cubana y el siglo XX para ser preciso. Después empezaron a decir que era un trascendido extraoficial. Los de la radio comenzaron a decirlo. Que era extraoficial y que por eso no aseguraban su veracidad. Al rato terminaron por reconocer que en realidad seguía vivo, que había sido información falsa.

Lo de siempre, hijos de puta queriendo aumentar la audiencia y bueno, nosotros, la audiencia.

Ese mismo día la conocí en un paradero de Providencia. No entiendo a la gente que se queja porque esta ciudad es muy grande o porque nunca conoce a nadie cuando camina o porque no se ve con sus amigos en las calles. No los entiendo pues la mayoría de las veces que voy por providencia me pasa algo interesante. De hecho, la conocí en esa calle. Era una de esas noches en que Santiago es caminable sin chaqueta, una noche cálida quiero decir, de las primeras así. No recuerdo la fecha, pero sí que corría una brisa muy agradable. Salía del trabajo y ella esperaba el bus exactamente en el paradero en que suelo esperar yo. Era morena, era cubana, era marxista y se llamaba S. Le hablé sobre la salud de Fidel, le conté lo que habían dicho en la radio hoy, "hijos de puta", estuvo de acuerdo conmigo. Así conversamos por primera vez, así nos conocimos.

No voy a escribir una línea más sin hacer esta afirmación: S. era la mujer más linda del mundo. Al menos la mujer que más me ha gustado estéticamente en mi vida. Es lo mismo. Cada vez que la vi me excité. Honestamente. Después recordaba esto de que jamás vi a alguien tan bella y me tranquilizaba un poco.

Es más, con el tiempo comprendí que S. cumplía no sólo con satisfacer mi particular sentido de la belleza, sino que el de todos, cada uno con los elementos correspondientes. Entendí que lo suyo resultaba ser una Verdad, quizá la única en que varios de nosotros creyó.

Me la encontraba en fiestas y siempre ocurría lo mismo. Me miraba, mucho más de lo que te mira una mujer comúnmente. A veces yo estaba viendo mis pies, o a la gente caminando por todos lados, o a los autos pasando afuera por la calle o simplemente al suelo; hacía una pausa para ver en qué estaba ella y, sorpresa, me estaba mirando. Pasaba a menudo. Es común en mí concluir que les gusto si me miran tanto, pero con S. no tenía seguridad, de hecho, cuando pensaba en ello -y en su presencia pensaba poco- creía que más bien estaba preocupada, por mí quiero decir, por mis miradas, por la cara que yo tenía o alguna otra cosa. Una vez la estaba viendo y me tomaron del hombro: "cambia la cara huevón", me dijeron. Efectivamente estaba gestualizando extraño. Me han dicho que hago una expresión rara con la boca cuando dedico mucho mi atención a algo y ella sí que atraía mi atención, ya lo saben, ella me excitaba, ella nos excitaba a todos.

En la infancia uno cree en tantas cosas, puede ser incluso que se lo crea todo, pero estarán de acuerdo conmigo en que a medida que uno crece, obvio, el número de convicciones con las que contamos va disminuyendo, hasta que nos quedamos con unas pocas, quizá sin ni una.

Conocí a S. y no tardé mucho en contarselo a mis amigos, que he conocido a la mujer más hermosa del mundo, que tiene el cuerpo perfecto, que esto y lo otro. Daba lo mismo qué dijese, lo decía con vehemencia, con seguridad, lo decía con una propiedad que facilitaba creerme. Al tiempo algunos llegaron a conocerla, se la toparon en los mismos lugares en que me la encontraba yo -les di algunas pistas-. Todos estuvimos de acuerdo en que si hacíamos un ranking ella sería la primera, la más bella de todas y estuvimos a un tris, pero no fue posible, la única que motivaba tal consenso era ella, S. en el número 1.

Como es lamentablemente común en las mujeres bellas, S. tenía pareja. El mismo día que puso sus pies en Chile se lo presentaron, apenas algunas horas después de pisar la loza del aeropuerto. Mala suerte, muy mala suerte me pareció a primera vista, hasta que entró un día al café de la mano de su novio, yo leía a Bolaño a unas mesas de distancia y supe que no le amaba. Que la cubana no amaba a su hombre quiero decir, o que no tenía intenciones de serle fiel, que no es lo mismo pero se parece. Comprendí la forma en que lo miraba y me di cuenta. Se podrían hacer las peores estupideces basándose tan sólo en la mirada de una mujer, así que preferí asegurarme. Aproveché un momento en que él desapareció por alguna razón que jamás supe y le pregunté directamente. Dijo que sí, que lo amaba, pero la facilidad con que accedió a contestarme tan absurda pregunta y la incomodidad con que soltó el "sí" me lo aclaró, S. no amaba a su hombre.

No suelo compartir este tipo de temas con la gente en mi trabajo, ahí conversamos de lo que va en la portada del diario o de las anécdotas que siempre están recordando todos, menos yo. Un almuerzo tuve ganas de comentarles la existencia de esta mujer. No recuerdo por qué, pero sí sé que no esperaba que nos pasásemos mucho tiempo hablando de ella. Resultó que uno la conocía. Este tipo de cosas le sorprenden a la misma gente que se queja de Santiago, a mi no. Sé que al fin y al cabo todos se conocen, que es un pequeño pueblo provinciano. El asunto es que uno de ellos la conocía y yo, como pasaba a menudo cuando encontraba con quien compartirlo, de inmediato comencé a describir el detalle de su belleza, podía haberme pasado un buen rato en ello y sin embargo me interrumpió. Sí, me interrumpió el mismo que la conocía. Podría afirmar incluso que lo hizo con una cuota de violencia, quizá levantando la voz o gritando o golpeando la mesa o simplemente cambiando drásticamente el tono de la conversación a uno más seco, cómo sea, el asunto es que dijo algo que en principio me pareció chistoso, ahí en medio de un almuerzo laboral, me causó algo de risa.

Mientras caminábamos de vuelta al trabajo, mi humor comenzó a oscurecerse y la noticia en realidad me pareció deprimente. Ahora, la verdad es que me resulta algo absurdo. Todo quiero decir, todo me parece absurdo. Mi oficina, mis compañeros de trabajo, mi trabajo. S., yo mirando a S., yo hablando de S. a todo el mundo, yo escuchando a mi compañero decir lo que dijo, yo riéndome, yo deprimiéndome, todo me parece mentira.

Es muy simple, váyanse a la mierda los que crean que exagero, les voy a contar lo que supe: Lo que pasó es que S. se hizo las tetas. No sé cómo el hijo de puta de mi compañero de trabajo lo sabía. Eso no importa. Lo relevante es que S. se hizo las tetas. Es decir, las tetas de S. fueron trabajadas por un cirujano, son falsas o, mejor dicho son reales, son tetas de silicona. Sus perfectos pechos son tetas de silicona demonios.

Recordé el día que la conocí, la información sobre Fidel y las reacciones de la gente.

Comprendí que esto para mí sí que es el final de la Revolución Cubana. El final del siglo XX también. Lo mismo que provocó esa noticia falsa de la muerte de Fidel para todos, provoca en mí enterarme de esto.

Download http://cce.uchile.cl/~cemda/canciones/esdemasiado.mp3

13 comentarios:

Ana María dijo...

Tu relato me parece espectacular. La forma en que cuentas esta historia, que no está lejos, de algunas que también he vivido...

"... Fuí arrojada del infierno por adorar la belleza..." dice Malú Urriola, esa belleza que nos hace gesticular y actuar, tan diferentemente.

Agua.

Pazisstika dijo...

Cosas que pasan en la calle
aay empezo la primaveraa ñacñañca

Conti dijo...

es interesante como una republicación cambia todas las cosas.
que omnipotencia.

prefiero pensar que somos todas.

mejorate y así para cuando yo me desocupe el jueves, me desato con los mojitos jajaja

un abrazo

y que la paz se mojitice tb pos

Catalina dijo...

porque darle importancia a un aspecto de la idealizacion que no va de acorde contigo...mejor descubre las cosas a medida en que te las encuentres en vez de hacer caso a comentarios de terceros. la verdadera revolucion esta en la reaccion dela gente frente al hecho mas que el hecho en si.

De paso dijo...

JajJAJajA, excelente texto.

Y mira, ahora que lo posees, me parece muy parecida tu visión a la de Auster.

Que bueno que te llegó el libro a pesar de mí.

Eso es muy bueno.

Besos millones.

De paso dijo...

pd: sigues colocando tu música a través de aquél sistema que jamás entendí o usas uno nuevo?

De paso dijo...

otro pd: cuál de bolaño???

De paso dijo...

otro od: te has leido a boris vian?

De paso dijo...

JjaJAjaja!! detectives salvajes me calza perfecto.

y sí, el mismo. has leido arranca corazones? uuffff ff ff

De paso dijo...

déjame la nueva, entonces.

JósE dijo...

Imagínate que estoy sentada al frente tuyo. Imagínate ahora que te estoy mirando. Finalmente, imagina que te he golpeado, no, mejor aún, que te he pegado una patada en la pierna.

(¿así fue?)

Saludos!
Jóse

la bailarina. dijo...

qué rica tu historia...

la bailarina. dijo...

es la propaganda ....también me intriga..